Tras la violencia…

Antonia Chinchilla

 

Una injusticia. Muchas mujeres reivindicamos, soñamos, anhelamos y deseamos ser como ellos. Reclamamos nuestro Derecho Constitucional a ser reconocidas tanto como ellos.

Al margen quedan los maltratadores, por los que siento odio y asco. Repudio toda violencia y desprecio a cada hombre que hace uso de la violencia contra una mujer. No podemos tolerar ningún tipo de agresión ni actos de poder y superioridad frente a nosotras con motivación o intencionalidad machista 

Pero me temo que no querremos ser detenidas y dormir en calabozos como ellos, cuando una de ellas, denuncia a su él en alguna ocasión por un calentón tras una discusión. Entonces queremos seguir siendo lo que somos sin tener en cuenta la movilidad que está cambiando ni cómo debería funcionar el mundo. Algunas nos definimos “feminazis” y otras preferimos ser feminista accesible, didáctica y cero radical.

Parece que busquemos el momento decisivo, con la oportunidad de cambiar el sistema del país, la historia. Se duda entre la realidad y las apariencias, quizás tendremos que conformarnos con ser lo que somos. A ver si algún dia somos capaces hablar de víctimas sin apellido, sin sexo porque al fin y al cabo somos todos personas. Y que sea una prioridad la preocupación por los hijos de mujeres y hombres que han sufrido los malos tratos. Ellos merecen todas las atenciones porque son niños marcados , con problemas emocionales que necesitan atenciones y recursos específicos. Ayudarles es prevenir, son las mayores víctimas no hay que dejarles sufrir y con la prevención tratar de evitar que puedan ser los maltratadores del mañana.  

La verdad es que la situación sigue sin ser fácil. Horroriza que haya muchas mujeres víctimas, pero no olvidemos la existencia de otros colectivos que también lo son y sufren la violencia de sus parejas. Por ejemplo, los que forman parte de la familia LGTB o aquellos hombres que se pueden sentir criminalizados. Personas que no se les atiende en centros de acogida especializados.  

No se sabe si es por falta de credibilidad, sensibilización social, escasez de recursos, vergüenza, miedo, ideal machista o discriminación social.

Lo patente es que nos quedamos en la cola del avance. La modernidad en materia de género deja sin poder acogerse a las medidas de protección a otras víctimas. Otros países evolucionen, como Holanda que inauguró a mediados del año pasado 40 centros de acogida para hombres víctimas de violencia doméstica mientras aquí seguimos en la involución. Al final como el filósofo Darwin, y palabras del Papa Juan Pablo II, podremos afirmar que la teoría de la evolución es, seguramente, mucho más que una mera hipótesis, puesto que reposa sobre la base de numerosos e independientes hechos que la acreditan; y los hechos son incontestables.